Pequeña historia de 4 (+1) tesis.

El pasado 5 de junio, mi compañero y, hasta entonces, doctorando Daniel Rojas Peña defendió brillantemente su tesis doctoral ante un tribunal exigente y amable, formado por los doctores Pablo del Río (CSIC), Cristina Peñasco (Banco de Francia / Universidad de Cambridge) y Fernando Callejas (UCLM). Obtuvo la calificación de Sobresaliente en un acto muy emotivo y enriquecedor.

Una vez pasado ese hito que marcará el devenir académico de Daniel, y sobre todo superados los días precedentes, donde la maraña burocrática y de circunstancias sobrevenidas casi nos supera; y una vez hemos podido felicitar al nuevo doctor (y tanto mis co-directoras, Consolación Quintana y María Jesús Ruiz Fuensanta, como yo hemos recibido también nuestra ración de enhorabuenas, por lo que me siento muy agradecido); es el momento de tomar consciencia de algo relacionado con este magnífico desenlace. Me refiero a nivel personal y profesional.

Y es que cierro una etapa más, con este broche tan brillante y feliz. Una etapa que no podía haber acabado mejor que con la maravillosa tesis doctoral de Daniel.

Sí. Ya había reconocido a las personas más próximas a mí que la dirección de la investigación de Daniel me había pillado un poco exhausto, y que si no llega a ser por la determinación del propio Daniel, y de Consoli y María Jesús, hubiéramos tenido un problema.

No quiero en este texto profundizar en los motivos que me llevaron casi al límite en algún momento de la investigación. Creo que simplemente afronté la que era la cuarta tesis doctoral que dirigía en un intervalo de unos 10-12 años, y que, como saben los que me conocen, tengo la manía de echarme mis compromisos muy a cuestas, tanto que me exprimo intelectualmente. Y en esta ocasión inicié la aventura ya demasiado «exprimido». Pero bueno, como digo, la suerte estaba de mi lado. La suerte de que el doctorando contara con una mente privilegiada como la de Daniel, y que pudiera apoyarme en dos co-directoras que decidieron, cuando mis conexiones mentales estaban más entumecidas, tirar del carro.

Benditos los tres.

El caso es que todo salió bien.

Y que esta etapa se cierra con éxito.

He creído que, como culmen de esta etapa de más de una docena de años, sería emocionante narrarla brevemente, haciendo parada en cada uno de los cuatro hitos fundamentales, que son las cuatro tesis doctorales desarrolladas bajo mi dirección o co-dirección.

Bueno, cinco. Porque esto comenzó mucho antes. Hubo un prólogo decisivo.

Una quinta tesis.

La mía.

I. Mi tesis: «Metodología de Ajuste y Coherencia de Tablas Input-Output: Aplicación a la Evaluación del Impacto Económico de la Inversión en Infraestructuras del Transporte» (2002).

Era comienzo del verano de 1996 y terminaba mi segundo curso como profesor ayudante de Universidad en la ciudad de Toledo. Llevaba un par de años estudiando técnicas de análisis de coyuntura económica, que parecía ser el tema sobre el que versaría mi tesis doctoral, según el parecer de mi mentor, el catedrático de Econometría Timoteo Martínez. Aquella noche, bajamos él, un par de compañeros de la universidad más y yo, a la Plaza de Cuba, en el concurrido barrio de Santa Teresa. Estábamos degustando unos vinos cuando, sin saber muy bien cómo ni por qué, Timoteo musitó: «Tú vas a hacer la tesis sobre análisis input-output«. Me quedé un poco pasmado, teniendo en cuenta que Timoteo tenía a veces la virtud de ocultar perfectamente si hablaba en broma o en serio. Yo le respondí: «A ver, Timoteo. Llevo dos cursos con la coyuntura. Input-Output es justo lo contrario: estructura económica, largo plazo, análisis determinista… Pero si me lo dices en serio, mañana me voy a la biblioteca, saco libros y me pongo con el tema…»

Creo que no me contestó y siguió con la cara de póquer, mientras daba un sorbo a su vino. Al día siguiente, eso sí, había sacado de la biblioteca de la Facultad un par de libros, entre los que se encontraba una auténtica joya. Análisis económico input-output, del mismísimo Wasily Leontief, en una edición traducida y publicada por Orbis. Abrí un cuaderno nuevo (físico, de muelle, DIN-A4), y fui desentrañando las claves de esa magnífica obra, de modo que al final tenía mi propia versión del libro, escrita a mano, y con mi propio lenguaje para intentar enterarme de todo.

Siete años después, y gracias a la ayuda del que considero el alma mater de mi tesis, el profesor Antonio Vázquez Muñiz, al que atribuyo buena parte de mis mejores recuerdos de la etapa toledana (aunque me volviera loco en cada sesión de trabajo); allí me encontraba, defendiendo mi tesis doctoral sobre análisis input-output, frente a un tribunal de catedráticos que, de no ser porque eran muy majos, me hubieran dejado sin habla solo ante el hecho de tenerlos delante: Antonio Pulido, Emilio Fontela, Alejandro Lorca, Dino Martellato y José Javier Rodríguez Alcaide.

La cosa salió adelante, y fui investido doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. La vanidad me lleva a confesar que una confidencia, unos meses después, me hizo sentirme plenamente satisfecho., más que la calificación de Sobresaliente Cum Laude. Y es que me aseguraron que el mismísimo Fontela se había referido a mi trabajo en una conversación académica, y lo había calificado como «una auténtica virguería».

Para qué más.

II. La tesis de María Jesús: «Importancia Tecnológica y Eficiencia Productiva. Una revisión del análisis de coeficientes importantes en el marco Input-Output» (2016).

Unos 7 u 8 años después de defender mi tesis doctoral, ya establecido en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Ciudad Real, el destino me puso en bandeja la oportunidad de dirigir mi primera tesis doctoral. La doctoranda era María Jesús Gutiérrez, una compañera (y con el tiempo, gran amiga), que, curiosamente, había sido una de mis primeras alumnas en Toledo. Aún no sé cómo aceptó la propuesta de ejercer de conejillo de indias; pero así fue. Y me faltarán años en esta vida para agradecérselo.

Esta tesis doctoral es muy especial para mí. Era la primera vez que asumía una responsabilidad semejante, además como director en exclusiva, y de una gran amiga, para mí inri. Dos cosas jugaban a mi favor: la constancia y tenacidad de María Jesús, el que ella controlara bastante mejor que yo las «mates» y, sobre todo, el tema de investigación. Fue la tesis en cuya elaboración más cómodo me he sentido, y seguramente más he disfrutado. De hecho, fue la tesis que me hubiera gustado defender a mí en ese lejano 2002. Un trabajo fundamentalmente metodológica, con la complejidad que eso conlleva.

El 15 de enero de 2016, en una soleada mañana, María Jesús defendió con convicción su tesis ante un tribunal compuesto por los doctores Pablo del Río González, Fernando Callejas Albiñana, y alguien al que le tengo, le tenemos, devoción: el gran Vicent Alcántara Escolano, quizá el mejor investigador en análisis input-output que ha habido en España, y que además tuvo la generosidad de formarnos y colaborar con nosotros en varios artículos en revistas de impacto, hasta que ya no pudo, y se nos marchó hasta su mundo de backwards y fordwards, en abril de 2025.

III. La tesis de Consoli: «Evaluación Económica de Escenarios Energéticos mediante Optimización Matemática en un Marco Econométrico Multiecuacional: el caso del Sector Eólico Español» (2021).

La oportunidad de dirigir esta tesis fue, de nuevo, bastante espuria. Sin saber muy bien cómo, cuando me quise dar cuenta había asumido la responsabilidad de dirigir, junto a mi compañero Fernando Callejas, esta nueva investigación. Bueno, y junto a otro investigador de primer nivel que, de facto, fue un director más: Pablo del Río, a quien considerado mi maestro en tantas y tantas materias.

Existían notables diferencias con el caso de María Jesús: la tesis abordaba un tema en el que había trabajado junto a Pablo; pero no de modo tan intenso: el sector eólico. Además, suponía un punto de ruptura con respecto a mi ámbito de investigación tradicional, ya que dejaba de aplicar el análisis input-output para retomar la modelización econométrica; si bien con un uso conjunto de una herramienta muy potente que había utilizado, hasta el momento, precisamente en el ámbito input-output: la optimización matemática. Además, pasaba del formato clásico de tesis a un formato de compendio de artículos científicos.

Recuerdo esos años de trabajo como muy intensos; pero gratificantes, por el aprendizaje que obtuve, especialmente de la mano del gran Pablo, y porque el trabajo en equipo nos llevó a publicar uno de los capítulos en Energy Economics, revista de referencia a nivel mundial en nuestra disciplina.

En cuanto a la doctoranda, Consoli, compañera además en el área departamental de Estadística Económica y Empresarial de nuestra facultad; quisiera destacar su gran capacidad de trabajo, que en esos años nos desbordaba, a los directores, continuamente; como si fuera ese robot número 5 de aquella película, Cortocircuito, en la que el androide exclamaba continuamente: «¡Datos! ¡Quiero datos!» A esto se unía su carácter risueño y su amor por el detalle, por la perfección, lo cual facilitó mucho las cosas.

En la mañana del 21 de octubre de 2021, Consoli defendió su tesis con soltura y excelencia, ante un tribunal formado por los doctores Juan José Rubio Guerrero, Cristina Peñasco Patón y Rosa Duarte Pac, obteniendo la máxima calificación y, poco tiempo después, el Premio Extraordinario a la mejor tesis en Ciencias Sociales de la UCLM.

IV. La tesis de Eugenio: «El efecto de las tecnologías renovables sobre el precio de la electricidad a largo plazo en España. Un análisis econométrico multiecuacional» (2022).

La tesis doctoral de Eugenio llevo una trayectoria de desarrollo pareja a la de Consoli, con la que comparte aspectos temáticos y metodológicos: las energías renovables, y el análisis econométrico multiecuacional. En este caso, nos centramos no tanto en la oferta renovable como en los efectos de dicha oferta sobre los precios de la electricidad a largo plazo. Y me enorgullece saber que nuestro modelo ya predijo un problema que hoy se da plenamente en el sistema eléctrico español: el de la falta de inversión en la infraestructura del transporte y distribución de la electricidad.

Una vez más, la oportunidad de colaborar en esta tesis fue muy aleatoria. Mi compañero del área departamental de Comercialización de Mercados, Ángel Millán, me habló de la posibilidad de unirme a este proyecto, dado que su doctorando quería trabajar en algo relacionado con el sector eléctrico; y él sabía que yo estaba investigando en un tema próximo en el marco de la tesis de Consoli.

Había grandes diferencias con las otras tesis: el doctorando no pertenecía al mundo académico, sino al profesional; y era ingeniero industrial. Me planteé como un reto dirigir una tesis de Economía a un ingeniero vocacional. Y acerté. Y acerté porque Eugenio Dueñas, aparte de un amor de persona, bondadosa, muy inteligente y trabajadora; aportó una visión técnica al proyecto, como de «pies en la tierra», que muchas veces los economistas obviamos (todo lo podemos arreglar con un presupuesto). Y aprendí mucho más de lo que él pudo aprender de mí, claro.

Y de este modo, llegó la fecha de defensa, que Eugenio ejecutó de un modo convincente y excelente, ante un tribunal compuesto por los doctores Pablo del Río González, Sonia Quiroga Gómez y Fernando E. Callejas Albiñana.

V. La tesis de Daniel: «La Aceptabilidad Social de la Energía Renovable: Conceptualización y análisis empírico de sus determinantes socioeconómicos y de su papel en la Transición Energética» (2026).

Y llegamos al punto de partida. La tesis doctoral de Daniel Rojas. Me enrolé en esta última aventura en torno a comienzos de 2022, en cierto modo por cubrir algún trámite administrativo, tras hablar con Consolación Quintana y el propio Daniel; dado que la aceptabilidad social de las energías renovables no era algo en lo que hubiera profundizado mucho, acostumbrado a trabajos más técnicos y menos sociológicos. Pero olvidé un detalle que me caracteriza, para lo bueno y para lo malo: mi manía de implicarme en mis compromisos en todas las dimensiones, y no pude evitar el implicarme no solo en lo administrativo, sino en lo científico, al menos en la medida en la que pude.

Tras una primera etapa en el desarrollo de la tesis de titubeos (por mi parte, no por la parte de mis dos compañeros de viaje), y un poco noqueado, recurrí a otra compañera de facultad, María Jesús Ruiz Fuensanta, para que nos echara una mano a fin de darle impulso a la investigación. Y puedo decir que acerté, porque María Jesús cumplió con las expectativas con creces, como siempre, aportando un enfoque analítico y modelizador (los modelos econométricos multinivel) clave para dar coherencia a todo el proyecto. Así que se configuró un equipo de trabajo no sin su complejidad (Daniel, Consoli, María Jesús Ruiz, y María Jesús Gutiérrez, mi primera doctoranda, a la que incluyo porque participó activamente en uno de los tres bloques de la investigación). Daniel supo integrar todas las aportaciones, ideas, metodologías, trabajos parciales con sus propias ideas científicas, de un modo que me dejó felizmente perplejo. Este hito, y de esta manera, solo lo podía lograr Daniel. Y así lo hizo.

Y llegó el 5 de junio de 2026, con el que comencé esta narración.

Gracias de nuevo a todos los que habéis confiado en mí durante este largo camino. He aprendido mucho de todos y cada uno de vosotros. Lo cierto es que esto está descompensado, y bastante, a mi favor. Disculpad mis fases de duda y de pesimismo, mis errores continuos. Aun con todo eso, espero que os haya podido aportar alguna experiencia que os pueda haber servido para vuestras carreras y proyectos.

Me quedo con la agradable sensación del deber cumplido que experimento estos días. Con el convencimiento de que, pese a mis fallos y desvaríos, siempre he intentado hacer lo mejor en cada momento por mis doctorandos.

Y me quedo también con la sensación de que esta etapa ha sido la más importante de mi vida en lo profesional, y en gran medida en lo personal.

Y ahora, que los cuatro doctores que confiaron en su momento en mí are flying, me toca retomar otros proyectos aparcados hasta ahora y estimulantes, y que pasan, en buena medida, en volver a disfrutar del hecho de aprender con tranquilidad y enseñar con creatividad, como hizo aquel jovencísimo profesor al que su mentor cambió su destino científico mientras tomábamos unos vinos en la Plaza de Cuba.

Página de aquel cuaderno en el que tomé mis apuntes sobre el modelo Input-Output de Leontief.

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